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CAUSA ABIERTA

Para Lanata los tarifazos en Argentina son una leyenda de las redes sociales

Para Lanata los tarifazos en Argentina son una leyenda de las redes sociales

Esta nota fue publicada por el periodista Joge Lanata en Clarín. Se reproduce en forma íntegra para que los lectores saquen sus conclusiones.    

"Ahora que todo pasó, veamos exactamente qué pasó: alrededor de las tarifas, durante las ultimas semanas, discutimos una mentira.

Desde abril, con los aumentos, el 87% de los usuarios pago menos de 500 pesos mensuales. El monto tope promedio de 500 pesos surgió de compararlo con los 540 pesos de suscripción básica al cable en el GBA.

La cobrabilidad en mayo-junio fue del 78% aún cuando Gobierno y medios se debatían en un pague-no pague, pague una parte.

Con los topes tarifarios 2.600.000 familias iban a recibir un descuento por consumo en los meses de mayo y junio.

Los casos de promedios altos fueron un 7% del total: identificados como RT3-4 en las planillas de Metrogas, con un consumo de 709 metros cúbicos y una factura promedio del bimestre de $ 5.370.

El porcentaje de usuarios que pagaron menos de 500 por mes fue más alto en algunas zonas del Interior: en el NEA fue el 91%, lo mismo en el NOA y el Litoral, en Cuyo fue el 86%, en el Sur de la provincia de Buenos Aires y La Pampa el 88%.

El 19% de los habitantes con gas de red tiene tarifa social; en muchos municipios del GBA esa tarifa alcanza a más de 50% de la población.

El 39% de los hogares no tiene gas de red; utiliza garrafa. La mitad de esos hogares tiene “garrafa social”.

Las tarifas, aún con aumento son muy inferiores a las de los países vecinos, entre 58 y 83% más bajas.

¿Y entonces? Entonces una política torpe del Gobierno y el oportunismo de la oposición hicieron que una tormenta perfecta se desatara en un vaso de agua.

La noticia de “me llegaron cinco mil de gas” corrió con las velocidad de un mito urbano: “Secuestraron dos chicos en Alto Palermo, tengan cuidado con la Trafic blanca”; al poco tiempo todos conocían a alguien que, en lugar de pagar el gas, estaba por meter la cabeza en el horno.

Como sucede cuando alguien quiere convencerse de algo, nadie miraba la boleta propia. Los jueces de Justicia Legítima –que nunca hubieran firmado un amparo cuando Cristina quiso hacer sintonía fina con las tarifas, también sin audiencia previa– tuvieron su momento Nuremberg, facilitado por la torpeza del Gobierno de no convocar a las audiencias.

En medio de la tormenta el Gobierno intentó, en vano, explicar que era legal no hacerlo: ya era tarde para dar explicaciones, la imagen era la del desembarco en Normandía suspendido porque pasaron un semáforo en rojo.

Cuando comenté el viernes pasado en la radio y el domingo en la televisión aquello del 87% pagando menos de 500 pesos, el Gobierno lo recibió aliviado “Por fin alguien que dice lo que está pasando”. Ellos lo supieron dos meses antes que yo, pero no lo dijeron nunca.

Quizá parte del error haya sido tomar una pelea cultural como política: en este país donde la gente fue convencida de tener derecho al fútbol, también cree que tiene derecho a que el Estado le pague las tarifas. El problema no es normal.

Y también se podría, en medio de la confusión general, culpar de todo esto a la época, en la que las noticias y los rumores corren cada vez una carrera más cercana.

En la edición de The Guardian del 12 de julio Katharine Viner publica un articulo titulado “Cuando la tecnología altera la verdad”. “Las redes sociales se han comido las noticias –escribe– amenazan la viabilidad del periodismo basado en el interés publico y han contribuido a una época en la que las opiniones están sustituyendo a los hechos”.

Viner parece estar hablando del kirchnerismo, pero no. Habla de Gran Bretaña y de Europa. Aquí, en el Sur, llevamos doce años de opiniones sustituyendo a los hechos, la lógica River-Boca pero sin goles, en la cual todo puede ser interpretado y la verdad se pierde.

De ese matrimonio surgió la subespecie de los panelistas de la tele. Para los K que Boudou quisiera quedarse con la Casa de la Moneda era “una opinión”, etc. (Valga la pena recordar que esta semana, después de cuatro años de que hiciéramos la denuncia, se pidió el juicio oral al ex vicepresidente).

En su artículo en The Guardian, Viner cita el caso de David Cameron, el ex primer ministro, cuando The Daily Mail publicó que “había cometido un acto obsceno con la cabeza de un cerdo muerto”. La supuesta fuente era “un condiscípulo de Oxford”. A los pocos minutos #Piggate y #Hameron eran tendencia en Twitter. Con el correr de las horas hasta la BBC tuvo que informar sobre el fenómeno y 10 Downing Street sacó un comunicado, negándolo.

Al día siguiente la periodista Isabel Oakeshott fue a la tele y admitió que no sabía si su noticia bomba era verdad. Aún hoy mucha gente la considera verdadera.

Mucha de la “información” que logró adhesión al Brexit surgió de orígenes similares. Viner da este ejemplo: “Si 99 expertos dicen que la economía se estrellará y uno estaba en desacuerdo, la BBC nos decía que cada bando tenía una idea distinta sobre la situación”. Un ejemplo bastante argentino, no?

Sentencia la nota de The Guardian: “Si un hecho se parece a lo que tu piensas que es verdad, se hace difícil diferenciar lo que es cierto y lo que no”. En la era digital, claro, la información circula de manera vertiginosa, los medios están más preocupados por el cliqueo que por chequear el contenido y ya no hay tiempo de evitar que un usuario comparta un dato falso.

Para colmo, los algoritmos sobre los que se basan Facebook y Google tienden a dar al usuario contenidos similares a los que busca, de forma cerrada: refuerzan nuestras creencias preexistentes. Cuando dos personas buscan lo mismo, los resultados nunca son los mismos: tienen que ver con las búsquedas anteriores de cada uno. Así, somos perros digitales mordiéndonos la cola.

Instagram y Snapchat son, en ese sentido peores; no permiten ni siquiera vínculos hacia afuera. Viner cita palabras de Neetzan Zimmerman, ex empleado de Gawker, especialista en viralización: “Hoy en día no importa si una noticia es real”, dijo en 2014. “Lo que importa de verdad es si la gente cliquea. Los hechos son una reliquia de la prensa de papel, cuando los lectores no tenían elección. Si una persona no comparte una noticia, es que no es una noticia”.

Tal vez algo de esto explique cómo el vaso de agua devino en tormenta."

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