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Vive en Pocitos y pudre Maroñas

Vive en Pocitos y pudre Maroñas

Por Carlos Lemos

El hombre de unos 50 años se subió al taxi en el centro de Montevideo, saludó al obrero del volante y enseguida le marcó el destino: 8 de Octubre y Habana, por favor. El taxista, más o menos de la misma edad, miró al pasajero y disparó: Usted perdone, pero no me diga que vive en esa esquina, es una porquería.

Choferes, guardas y pasajeros que transitan por la principal avenida de la Unión se asquean y hasta insultan cada vez que tienen que transponer el fétido cruce, enclavado en el corazón de la Curva de Maroñas.

El asunto es tan grave como viejo, pero en la Intendencia Municipal de Montevideo parece que nadie está enterado, o lisa y llanamente hay algunos que están recibiendo sobres con billetes.

La curtiembre instalada a 10 metros de la intersección hace medio siglo sigue funcionando y causando estragos.

Un par de veces cambió de dueños. Ahora se llama Dofin y su dueño o por lo menos el que figura como presidente de la sociedad anónima es el italiano Luis Cesio Cacciali.

El empresario vive en un lujoso apartamento de Pocitos y de vez en cuando se le ve entrar a la pocilga en su moderno y llamativo auto deportivo metalizado.

La curtiembre abarca las tres cuartas partes de la manzana comprendida entre las calles Alférez Real (la continuación de Habana), 8 de Octubre y Andrés Latorre.

Don Cesio Cacciali, justo es decirlo, mejoró un poco la inmunda fachada, sin embargo los ácidos corroen los techos de las fincas linderas. Las quejas no se hacen esperar, entonces el ejecutivo manda cambiar unas chapas y santo remedio, por un par de meses, claro está.

Los camiones se apilan sobre Alférez Real e impiden el paso de autos y vecinos, mientras la sangre fluye de los cueros apilados en la mole y se desliza por la calle.

La mayoría de los días el fétido olor obliga a los vecinos a cerrar puertas y ventanas a cal y canto.

Muchos se descomponen, en la calle y en sus casas, y al parecer ya ha causado enfermedades de distinta índole a varios de ellos.

Día por medio una ambulancia ingresa rápidamente para asistir al operario que cayó enfermo esa jornada

Un par de veces apareció un cartelito pegado en el portón principal que decía “Clausurado”. Sin embargo en ambos casos “la sentencia” duró lo que un lirio.

Nadie comprende cómo es posible que esa curtiembre que apesta siga funcionando en las entrañas de un barrio populoso cuando ya está reglamentado desde hace años que establecimientos de ese tipo sean instaladas en zonas alejadas de centros poblados.

Curiosamente, frente a la curtiembre, cruzando la calle nomás, se erige la Casa del Vecino del comunal zonal F.

Cuentan las malas lenguas que Cesio Cacciali es un hombre muy querido en el Centro Comunal de la Curva de Maroñas.

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