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A 42 años del cruel golpe de Estado en Chile y asesinato de Allende

A 42 años del cruel golpe de Estado en Chile y asesinato de Allende

Este viernes 11 de setiembre se conmemoran 42 años del golpe de Estado en Chile, comandado por el dictador Augusto Pinochet, que acabara con la vida del presidente constitucional, Salvador Allende, y de miles de ciudadanos.

Se cumplen este viernes 11 de setiembre 42 años del golpe de Estado en Chile, encabezado por el Gral. Augusto Pinochet y que acabara con la vida del presidente constitucional Salvador Allende y desencadenara una de las dictaduras más sangrientas del continente. Dos meses y medio antes, en nuestro país, Juan María Bordaberry eligió pasar de ser presidente constitucional a dictador, y encabezó un golpe de Estado junto a civiles y militares, que también llevó a encarcelamientos ilegales, torturas, muertes y desapariciones de ciudadanos que defendían la democracia y luchaban por la libertad.

Salvador Allende, médico, masón y socialista, había asumido como  presidente constitucional de Chile al imponerse, al frente de la coalición Unidad Popular -integrada entre otros por socialistas y comunistas-, en las elecciones celebradas el 4 de setiembre de 1970 y ser electo por el Congreso, con el apoyo de la Democracia Cristiana, el 24 de octubre del mismo año.

Allende había quedado en primer lugar en las elecciones generales con el 36,63% votos, por encima del candidato de la derecha, Jorge Alessandri, que había obtenido el 35,29%. El democristiano Radomiro Tomic había alcanzado el 28,08%.

Un año después, en las elecciones municipales de 1971, la coalición liderada por Allende se reafirmaba en el gobierno y  alcanzaba el 49% de los sufragios.

La derecha trató de evitar la elección de Allende por parte del Congreso, y realizó un atentado contra el comandante en jefe del Ejército, el general René Schneider, de firme tradición constitucionalista. Fue así que el 22 de octubre, dos días antes de que se reuniera el Congreso para elegir a Allende, un grupo de ultraderecha interceptó el vehículo de Schneider, quien fue alcanzado por tres balazos, falleciendo el día 25.

La situación en el país trasandino se fue radicalizando, con la derecha conspirando y desatando diversas medidas de bloqueo económico y político, el cual, como fue demostrado posteriormente, contó con el decidido impulso y apoyo de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) de Estados Unidos, por instrucciones del propio gobierno norteamericano.

Grupos de ultraderecha surgidos a la sombra del Partido Nacional, junto al movimiento Patria y Libertad, intentaron por diferentes medios violentos terminar con el gobierno, siendo apoyados y financiados por la CIA, que también conspiraba en la misma dirección. En 1973, una vez que los métodos democráticos para deponer a Allende fracasaron, intensificaron su campaña de atentados con bombas y ataques para desestabilizar al gobierno.

Entre las acciones de estos grupos figura el asesinato del comandante de la Armada, Arturo Araya Peeters, edecán naval del Presidente Allende; diversos atentados con bomba a torres de alta tensión y oleoductos; el asesinato de militantes de izquierda; y varios atentados a embajadas (entre ellas las de Cuba y la Unión Soviética), sedes de partidos políticos de izquierda y radioemisoras.

El 14 de mayo de 1973 fueron allanados varios locales de Patria y Libertad, encontrándose numeroso armamento y explosivos, luego del llamado de su líder Roberto Thieme, desde Argentina, a desencadenar una guerra civil.

Acosado y cercado, el comandante del Ejército, Carlos Prats, presenta renuncia en agosto de 1973, al ver reducido al mínimo el apoyo. Llegaron  a su domicilio el presidente Allende, Augusto Pinochet (considerado el segundo de Prats) y ministros del gobierno. Deprimido y desilusionado, pide a los generales que reafirmen su lealtad para con él; como solo unos pocos lo hicieran, resuelve renunciar a la comandancia en jefe. Recomienda pues a Allende que el cargo sea ocupado por Augusto Pinochet Ugarte, quien tenía una hoja de vida estimada como limpia, siendo caracterizado como un soldado profesional y apolítico. Pocos días días después se convertiría en el gran traidor y asesino.

Finalmente, el 11 de setiembre se produciría el levantamiento militar que culminaría con el derrocamiento del gobierno constitucional y el inicio de una de las más salvajes y sangrientas dictaduras.



EL ÚLTIMO DISCURSO DE ALLENDE

Quizás sea ésta la última oportunidad en que me pueda dirigir a ustedes. La Fuerza Aérea ha bombardeado las torres de Radio Portales y Radio Corporación. Mis palabras no tienen amargura, sino decepción, y serán ellas el castigo moral para los que han traicionado el juramento que hicieron: Soldados de Chile, comandantes en jefe y titulares..., el almirante Merino... más el señor Mendoza, general rastrero que sólo ayer manifestara su solidaridad y lealtad al gobierno, también se ha denominado director general de Carabineros.

Ante estos hechos sólo me cabe decirle a los trabajadores: Yo no voy a renunciar. Colocado en un tránsito histórico, pagaré con mi vida la lealtad del pueblo. Y les digo que tengo la certeza de que la semilla que entregáramos a la conciencia digna de miles y miles de chilenos no podrá ser segada definitivamente. Tienen la fuerza, podrán avasallarnos, pero no se detienen los procesos sociales ni con el crimen ni con la fuerza.
La historia es nuestra y la hacen los pueblos.
¡Trabajadores de mi Patria!: Quiero agradecerles la lealtad que siempre tuvieron, la confianza que depositaron en un hombre que sólo fue intérprete de grandes anhelos de justicia, que empeñó su palabra en que respetaría la Constitución y la ley, y así lo hizo. En este momento definitivo, el último en que yo pueda dirigirme a ustedes, espero que aprovechen la lección.
El capital foráneo, el imperialismo, unidos a la reacción, crearon el clima para que las Fuerzas Armadas rompieran su tradición: la que les señaló Schneider y que reafirmara el Comandante Araya, víctimas del mismo sector social que hoy estará en sus casas esperando, con mano ajena, reconquistar el poder para seguir defendiendo sus granjerías y sus privilegios...
Me dirijo a los profesionales de la Patria, a los profesionales patriotas que siguieron trabajando contra la sedición auspiciada por los colegios profesionales, colegios de clases para defender también las ventajas de una sociedad capitalista de unos pocos.
Me dirijo a la juventud, a aquellos que cantaron y entregaron su alegría y espíritu de lucha. Me dirijo al hombre de Chile, al obrero, al campesino, al intelectual, a aquellos que serán perseguidos, porque en nuestro país el fascismo ya estuvo hace muchas horas presente; en los atentados terroristas, volando los puentes, cortando las vías férreas, destruyendo lo oleoductos y los gaseoductos, frente al silencio de quienes tenían la obligación de proceder. Estaban comprometidos. La historia los juzgará.
...Seguramente Radio Magallanes será acallada y el metal tranquilo de mi voz no llegará a ustedes. No importa, la seguirán oyendo. Siempre estaré junto a ustedes. Por lo menos mi recuerdo será el de un hombre digno que fue leal con la Patria.
El pueblo debe defenderse, pero no sacrificarse. El pueblo no debe dejarse arrasar ni acribillar, pero tampoco puede humillarse.
¡Trabajadores de mi Patria!: Tengo fe en Chile y en su destino. Superarán otros hombres este momento gris y amargo donde la traición pretende imponerse. Sigan ustedes sabiendo que, mucho más temprano que tarde, se abrirán de nuevo las grandes alamedas por donde pase el hombre libre, para construir una sociedad mejor. ¡Viva Chile!, ¡Viva el pueblo!, ¡Vivan los trabajadores!

Éstas son mis últimas palabras, teniendo la certeza de que mi sacrificio no será en vano. Tengo la certeza de que, por lo menos, habrá una sanción moral que castigará la felonía, la cobardía y la traición.
Fotos: Horacio Olivares (CORBIS); Horacio Villalobos (CROBIS); Prensa Latina, AP, archivo. UyPress

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