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Honran a la Prefectura Nacional Naval de Uruguay

Honran a la Prefectura Nacional Naval de Uruguay

En medio del vendaval originado por las investigaciones judiciales por compras irregulares, la Armada recibió una gran satisfacción: la Organización Marítima Internacional distinguió a la Subprefectura de Santiago Vázquez con una Mención de Honor. El motivo: el heroico rescate de dos jóvenes Marinos de Primera a cinco personas –una niña, dos niños y dos mayores- que naufragaron a la altura de Las Brujas (Canelones), en setiembre de 2009. "Configura la mayor distinción obtenida por nuestro país en el escenario mundial en el marco de una de las tareas más importantes que realiza la Armada, que es la salvaguarda de la vida humana en el mar", dice una nota publicada por el Ministerio de Defensa. El jefe de Relaciones Públicas de la fuerza de mar, Anselmo Borges, dijo a EL PAÍS digital que este reconocimiento es muy importante para el país. "Los que hemos estado embarcados, cada vez que salimos y dejamos a nuestras familias sabemos que estamos poniendo nuestra vida en riesgo; esa nobleza de la profesión es la que la hace a uno estar orgulloso", señaló. "Rescates hacemos muchos, pero en estas condiciones muy pocos", sostuvo, en tanto, el prefecto de Santiago Vázquez, capitán Fernando Martínez.   A las 19 horas del jueves 17 de setiembre de 2009, los bomberos solicitaron ayuda a la Subprefectura para salvar a cinco personas que habían quedado atrapadas en una isla del Río Santa Lucía, a la altura del kilómetro 48 de la Ruta 1, localidad de Las Brujas, en Canelones.
Un fuerte temporal que azotaba aquel día había tumbado la canoa de las víctimas, quienes lograron llegar a la isla, pero tuvieron que trepar a un árbol porque el río crecía (llegó a subir dos metros).
Juan Almada y Gustavo Castrillón, de nada más que 19 y 22 años de edad, respectivamente, salieron en busca de las cinco personas. Los medios de transporte que utilizaron justifican aún más la distinción internacional, según explicó Martínez: "Fueron en un vehículo que había que empujarlo para que arrancase y (utilizaron) un bote de más de 14 años de antigüedad".
Sorteando esas complicaciones –que serían mínimas frente a las que se venían-, Castrillón y Almada encendieron la lancha con rumbo a la isla.
"Nos encontramos con una fuerte corriente, en la cual se nos podía dar vuelta la embarcación. Además, había rocas y no teníamos suficiente calado para navegar", cuenta Castrillón en diálogo con EL PAÍS digital. "Divisamos las personas trepadas en un árbol; pedían ayuda", sigue al recordar paso a paso aquella misión.
Pero la lancha no podía llegar hasta la isla porque estaba "lleno de ramas y troncos", además de rocas. "No teníamos suficiente calado para navegar", relata Castrillón.
"A unos 50-70 metros de ellos tomamos la decisión de que uno se tire al agua (Castrillón) para llegar" hasta la isla a nado y luego "hasta la copa del árbol", señala. Pero la noche ya asomaba y la vista se acortaba. Castrillón dice que para hallar a las personas se guiaban por "tanteos con linternas y por los gritos".
Finalmente, Castrillón logra divisar exactamente las posiciones y luego empieza el rescate propiamente dicho que él mismo narra: "Los tomamos uno por uno y los llevamos hasta la lancha: primero a los niños, que estaban muy asustados, en shock, y con principio de hipotermia, y después los mayores. En la lancha, el marinero Almada les realizaba la reanimación".
"Ese día estuvo muy feo", recuerda, por su parte, Almada, en referencia a las pésimas condiciones marítimas y climáticas.
Cuando parecía que lo más complicado había pasado, y sólo faltaba emprender la vuelta a la costa, la hélice de la lancha se trancó con "juncos y ramas". Otra decisión crucial tuvieron que tomar los marinos: "Nos tiramos al agua los dos y arrastramos la embarcación unos 50 metros, con las personas arriba. Cuando tuvimos agua para navegar tomamos viaje", relata Castrillón.
El rescate duró entre cuatro y cinco horas, según el marino.
Una vez en la costa, donde los esperaban personal de Bomberos, las cinco personas fueron llevadas al hospital más cercano de Canelones. Todas sobrevivieron.
Sobre el reconocimiento internacional, tanto Castrillón como Almada dicen estar orgullosos. "Estoy muy feliz, es un orgullo tanto para mí como para mi familia".
Castrillón (ahora 23 años) fue arquero de Defensor Sporting, donde asegura no haber tenido "mucho apoyo". Hace cuatro años que trabaja en la Armada y ha realizado cursos de patrón de embarcaciones neumáticas y reparación de materias fuera de borda.
Almada (ahora 20), por su parte, está en la Armada desde los 18 años. Tiene cursos de patrón de lancha y su padre es militar retirado.
Si bien ambos están incursionando en su oficio, hoy son los protagonistas de una distinción histórica para el país.

"Causa Abierta" no puede dejar pasar por alto que la Armada Nacional aprovecha la distinción para llevar un poco de agua a su molino desvencijado por los últimos y lamentables casos de corrupción descubiertos en el Arma. Porque en realidad el mérito es puro y exclusivamente de la Prefectura Nacional Naval (conocida como la policía marítima), un brazo de la Marina de Guerra que históricamente fue mirado por la oficialidad "distinguida" como un primo pobre.

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