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CAUSA ABIERTA

Argentinos renuevan Congreso en un país que apenas emergió del infierno

Argentinos renuevan Congreso en un país que apenas emergió del infierno

Una Argentina con 14 millones de pobres, según denuncia la oposición en campaña, miles de jóvenes aniquilados por la pasta base de cocaína y una creciente inseguridad, aunque haya más teléfonos celulares que habitantes, renovará el domingo su Congreso en comicios de medio término. El Gobierno dice que el número de pobres es de seis millones, pero los principales candidatos de la oposición denunciaron durante la campaña que se eleva a 14 millones. Dentro del barullo de cifras que se barajan en el país, informes de consultoras privadas y una central sindical disidente también cuestionan el número de pobres y lo sitúan a febrero de este año en unos 12 millones. La empresa consultora Ecolatina asegura que en el segundo semestre de 2008 la pobreza afectaba al 30,5% de la población de 40 millones de habitantes. Fundada por el ex ministro de Economía Roberto Lavagna, quien normalizó la sideral moratoria de la deuda en 2005, la consultora dijo que la indigencia fue de 10,7% de la población, lo que equivale a cuatro millones de personas. Un trabajo de la opositora Central de Trabajadores Argentinos (CTA) sostiene que "las tasas de pobreza e indigencia llegarían a 33,5% y 14,5% respectivamente". Estos cálculos fueron efectuados por trabajadores desplazados del INDEC, el organismo estatal de estadísticas acusado ante la Justicia de manipular los índices. Claudio Lozano, diputado y economista de la CTA, señaló que la inflación es cuatro veces superior a la oficial y dijo que "el incremento del nivel de indigencia se produjo básicamente por el fuerte alza de precios, sobre todo en alimentos, en los últimos dos años". El Gobierno no pudo resolver el problema de la pobreza pese a las formidables tasas de entre 8% y 9% con que creció la economía, timoneada primero por el ex presidente Néstor Kirchner (2003/2007) y luego por su esposa, la mandataria Cristina Kirchner. Uno de los escenarios más descarnados de la pobreza del país sudamericano, con capacidad para alimentar a 300 millones de personas por su riqueza agraria, es la región norte, con fuerte presencia indígena. Hace apenas unos meses, cientos de indígenas de La Quiaca (1.900 km al norte de Buenos Aires) hicieron una "huelga de hambre contra el hambre", encabezados por el sacerdote católico Jesús Olmedo. La situación de desamparo y desnutrición de los indígenas norteños llegó incluso a la Corte Suprema, que ordenó asistir con agua potable y alimentos a una comunidad de indios tobas en la provincia de Chaco (nordeste). Los pueblos originarios no figuran en las agendas de los políticos, pero suelen cobrar protagonismo en épocas electorales, como sucedió con 6.000 wichis que denunciaron una maniobra oficialista en la localidad de Ingeniero Juárez, en la provincia de Formosa (nordeste). "Nos sacaron los documentos a la mayoría de los aborígenes y los tiene el alcalde", dijo a la AFP Ercilia Agüero, miembro de la comunidad. La marginalidad golpea con dureza en las barriadas pobres de las principales ciudades, adonde crece de manera alarmante el consumo del "paco", una mezcla de pasta base de cocaína, vidrio molido, combustible y productos químicos que apareció en plena crisis de 2001. Según cifras oficiales, la droga es consumida por 50.000 personas, quienes en poco tiempo se transforman en 'zombies' y en seis meses pueden perder la vida. Sondeos realizados en la campaña revelan que la inseguridad sigue siendo una de las mayores preocupaciones de los argentinos, que protagonizaron marchas y actos multitudinarios para exigir un freno a la ola de asaltos con crímenes a sangre fría. Estos episodios, amplificados con el bombardeo diario de los canales de TV, hicieron renacer voces favorables a la 'mano dura', incluso contra menores de edad y hasta la pena de muerte. Hasta el popular ídolo futbolístico Diego Maradona terció en el tema: "No puede ser que todos los días tengamos un muerto. Hasta a la policía la matan como a moscas", dijo. Mientras tanto, un fenómeno crece y atraviesa a todas las clases sociales de Argentina, donde hay más de un teléfono móvil per cápita: hay 48.297.600 celulares en un país de 40 millones de habitanes, según datos oficiales.

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