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CAUSA ABIERTA

Narcos, venid a mí

Narcos, venid a mí

Por Carlos Lemos

El hombre de 32 años fue por su porro diario a esa casa del barrio Bella Italia a las cinco de la tarde de este viernes. Consumidor habitual que, dicen en el barrio, no molesta a nadie, el tipo ni pensó que se le venía el vendaval encima. 

Ni siquiera tuvo tiempo de comprarlo pues la policía se lo llevó junto a las dos mujeres y el joven que vendían la marihuana. Después de pasar unas horas en el calabozo por supuesto que recuperó la libertad por orden del juez. Consumir no es delito, se sabe. De todas formas al individuo le amargaron el día.

Ese fue solo uno de los 32 procedimientos realizados ayer, con otras decenas de historias de vida. Pero, el más “importante” fue el que se llevó a cabo en Progreso donde confiscaron 639 kilos de marihuana y detuvieron a dos uruguayos y dos paraguayos.

Como no podía ser de otra manera a semejante opreración la bautizaron: “Arazá”. Grandes titulares de la prensa, por supuesto.

Al mismo tiempo, el secretario de la Junta Nacional de Drogas, Julio Calzada, informó de una caída en el consumo de pasta base debido a las políticas impulsadas por el gobierno y también a un corrimiento de algunos consumidores a otras drogas.

Calzada dijo que la pasta base es consumida en su mayoría por personas que viven en contextos de vulnerabilidad y que allí se observa un impacto positivo de las políticas sociales.

Hay un aumento en general del poder adquisitivo de la población y el consumo se desplaza a otras sustancias, como la cocaína, que es más cara, agregó.

En otras palabras, los uruguayos que antes eran pobres y tenían que consumir la inmundicia de la pasta base ahora tienen unos pesos más y se pasaron a la cocaína o sea que su nivel de vida de está equiparando a los habitantes costeros que se la dan a mansalva.

No conocemos a Calzada y poco nos importa lo que diga. Eso sí vamos a contar algunas cosas:

Hace 25 años nos tocó estar cara a cara con un flemático inglés, no podía ser de otra manera, llamado Raymond Kendall. El hombre ocupaba el cargo de director mundial de la Interpol y tenía la costumbre de hacer girar su sillón de un lado al otro mientras hablaba en su oficina, en la sede central de la policía criminal internacional en Lyon, Francia.

Esa tarde, hablando justamente del tema drogas, lanzó una frase que nos dejó helados: “La guerra contra el narcotráfico está perdida”.

Al año siguiente entrevistamos al jefe de la DEA en la embajada de EEUU, en Buenos Aires. En verdad ni nos acordamos como entramos a ese fortín. Para ser justos hay que decir que el yanki (puro, ehh) era simpático.

Al charlar sobre el mismo tema comentó: Bueno, en el caso de ustedes (por Uruguay) se podría decir que los narcotraficantes están haciendo un ensayo. Envían 100 cargamentos para monitorear cómo llegan.

¿Cómo?

Claro, le explico -respondió el estadounidense impávido- por el momento cada 13 embarques, las autoridades de su país capturan uno. Bueno, no deja de ser la media en todo el mundo, remató el sujeto que parecía salido de Miami Vice.

A los dos meses nos tomamos un avión y caímos de cabeza en el Mato Grosso. Fuimos directo al corazón narco.

Del lado paraguayo la ciudad de Pedro Juan Caballero y del otro la brasileña Ponta Porá. Era como estar en el Chuy, solo que rodeado de selva, y si a uno se le ocurría estornudar sin permiso era boleta al instante.

Vimos camiones repletos de marihuana. Camionetas atestadas de cocaína que llegaban de Bolivia y seguían hacia el sur tras cargar combustible. Cientos de narcos y policías corruptos.

Les caímos tan bien que una sombría tarde nos llevaron a conocer “Tres Placas”. No sabíamos quiénes tenían más miedo si ellos o nosotros. Parar los autos en ese cementerio clandestino en pleno territorio brasileño ponía los pelos de punta.

Rápidamente nos contaron que allí estaban enterrados cuerpos de hombres, mujeres y niños que, a diario, eran ajusticiados.

El retorno a un lugar “seguro” fue más penoso que la ida. Todos sudábamos. Nosotros, los policías corruptos y los narcos. Es que a esa hora, precisamente, comenzaban a matar gente.

Nos dieron detalles precisos de la operativa en el continente sin guardarse nada. Es que nada les importaba, después de todo allí también había agentes de la DEA que eran sus mejores amigos.

¿Por qué viene a la memoria todo esto? Por la necesidad de compartir con los uruguayos de que se gastan millones al santo botón. Porque el día que la policía descubre 1 kilo de droga, ya entraron al país 100. Porque hay decenas de efectivos cerrando 10 o 12 “bocas” y, al mismo tiempo se abren otras 20.

Por la sencilla razón de que aquél inglés tenía razón hace un cuarto de siglo. Perdimos la guerra.

Pero, ¿hay alguna solución? ¿Acaso legalizar las drogas? Los expertos mundiales (gente seria) mira con asombro a Uruguay por la idea de Mujica. Y sí, es devastadora, la única manera es romperle la “chanchita” a estos tipos.

Claro que los psiquiatras están como locos: ¿Legalizar? ¿Y que hacemos con nuestros psicofármacos?

Pero la solución no es tan sencilla. No es novedad que EEUU es el país que más consume drogas. Por tanto hay que proveer a semejante mercado.

Por otro lado, para los gobiernos, demócratas o republicanos, el negocio de las drogas es fabuloso. Les venden armas a los países y, por supuesto, también a los narcos. Y las armas cuestan más caras que las drogas.

¿Qué nos queda entonces. ¿Hacer como en Irán o China y colgarlos?

Se verá con el tiempo, mientras tanto debemos estar informados de verdad. La requisa de unos gramos de drogas, con la ayuda de la DEA, que volvió al país gracias al detective que ostenta el pomposo cargo de Director Nacional de Policía, no sirve para nada. Seamos honestos y digamos la verdad o por lo menos no hagamos tanta bulla para distraer el foco de la gente.

 

Artículo publicado el 27 de octubre en la web de Causa Abierta

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