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CAUSA ABIERTA

Las bestias del narco en Colombia reclutan desde indigentes hasta enfermos terminales

Las bestias del narco en Colombia reclutan desde indigentes hasta enfermos terminales

Cuando se vio sorprendido por los rayos X, que revelaron que llevaba en su estómago 130 dedos de goma repletos de cocaína, Bernardo Luján no quiso hacer la llamada a la que tenía derecho. "No tengo familia. No hay nadie que se preocupe por mí", le dijo a la Policía este mexicano de 41 años que el pasado 21 de diciembre se quedó del vuelo que iba de Bogotá a Madrid.
El viaje terminó en una celda de la cárcel La Modelo de Bogotá, donde ya completa dos meses. Y aunque en las estadísticas aparece como uno más de los 416 ’pasantes de droga’ capturados el año pasado en aeropuertos del país, la Policía colombiana descubrió con su caso una nueva modalidad de reclutamiento de ’mulas’: la de los que poco tienen que perder si los capturan.
Hasta finales de noviembre, Bernardo vivía como indigente al lado de un caño en Querétaro (México). Su vida, cuenta, transcurría en medio de otros desarraigados, de drogadictos y de tenebrosas danzas de puñal bajo los puentes o los caños. Y justamente en uno de esos sitios fue donde lo contactaron para que viajara a Bogotá por un trabajo en el que lo único que tenía que hacer era no preguntar nada.
Desgarbado y de hablar nervioso, el ’mande’ típico de los mexicanos se le sale en cada respuesta. Nervioso, pero sin nostalgias, dice que se voló de su casa por los malos tratos de su mamá, que a su papá casi no lo conoció y que no sabe nada de sus otros nueve hermanos. Solo hizo la primaria, trabajó en construcción -en sus manos se nota- y en las plazas de mercado.
Y después de los 20, cuando conoció la droga, prefirió quedarse en los azares de los calles y los sueños de humo en casas abandonadas.
El ’socio’ colombiano
Luján es el primer indigente mexicano capturado con droga en Colombia, pero él mismo cuenta que entre los que "consumen disolvente" de su grupo circulaba la oferta de hacer trabajos para "los que vendían la cocaína y la marihuana" en Querétaro. Él se apuntó.
El hombre que habló con él no tenía acento mexicano. Y aunque nunca le dijeron cuánto le iban a pagar y ni siquiera un nombre, Luján aceptó: "Tenía hambre y, además, pensé en mandarme a poner los dientes". Perdió los dos del frente en una pelea por un pedazo de andén y por eso su voz suena a silbido. El hombre lo invitó a comer y lo único que le exigió fue que consiguiera el acta de nacimiento. Para ese momento, Luján llevaba dos días sin probar bocado.
En la siguiente cita, el que llama su ’socio’ llamó a otra persona y le dictó unos datos del acta. Al otro día viajaron desde Querétaro a Ciudad de México en un autobús. Fueron dos horas y media. En "la central de transporte" tomaron otros bus hasta una oficina para sacar el pasaporte. Bernardo cuenta que no tuvo que pagar un sólo peso. Regresaron esa misma tarde a Querétaro y el hombre le dijo que en unos días lo recogía.
A la semana, Luján ya estaba en el aeropuerto Eldorado, con tres mudas de ropa en una maleta, 20 pesos mexicanos en el bolsillo y un libreto en la cabeza: "Si me preguntaban tenía que decir que trabajaba en abarrotes y que venía a visitar a un hermano que iba a estar en un congreso cafetero".
Un hombre lo llevó en un taxi a un hotel donde pasó dos noches y del que, dice, no recuerda su nombre. El del taxi le dio 150 mil pesos para comida. Al tercer día llegó al hotel una persona distinta y lo llevó a un edificio. Allá lo convirtieron en ’mula’.
Lo metieron en una pieza y un hombre le ofreció un té para que se tranquilizara. Luján dice que lo bebió y empezó a sentirse mareado. Le dijeron que durmiera un rato, pero el despertar no fue amable. "Después de 20 minutos me dijeron: se va a tener que comer todas estas". Eran 130 deditos de goma.
Bernardo asegura que dudó por un instante, pero que empezó a tomárselas porque el hombre "sacó la pistola, la cargó y se la acomodó en la cintura".
Rato después le contaron que se iba a las 9 de la noche y le dieron 50 mil pesos para el taxi. Sólo cuando llegó a Eldorado, Luján supo que el viaje no era a México sino a España. "Ya me tocaba echar para adelante porque si me devolvía de pronto me estaban siguiendo y ya no podía hacer nada".
En la sala de espera la Policía lo abordó para un examen de rayos X. Diez personas más pasaron con él, pero sólo Bernardo Luján estaba ’cargado’.
En la cárcel Modelo se ha encontrado con cuatro mexicanos, también pasantes de droga. Ellos le han dicho que en unos cuatro años podría estar de nuevo en las calles de Querétaro. Y todavía se pregunta si lo contrataron para llevar un viaje o como simple señuelo para que otros pudieran ’coronar’.
Extranjeros hasta con VIH
Tres ciudadanos españoles y un colombiano con VIH hacen parte del listado de 52 pasantes de droga que han sido capturados en los diferentes aeropuertos del país en este 2010. En dos meses se llegó al mismo número de casos de todo el año pasado.
Lo que ha advertido la Policía Antinarcóticos es que esas personas deciden convertirse en ’mulas’ por asegurar algo mejor para su familia y que consideran que poco tienen para perder si caen.
Uno de los españoles capturados explicó que había perdido a su esposa y su empleo por padecer VIH, y que decidió llevar droga para asegurar la casa para sus dos hijos.
En buena parte de estos casos los jueces de garantías, por los riesgos de salud, han concedido detención domiciliaria. Y con España existe un convenio que permite que personas con enfermedades graves paguen parte de la pena en su país.
Si bien la Policía ha hecho reentrenamientos de su personal para detectar a los pasantes, el aumento de las capturas también se explica por la difícil situación económica en todo el mundo.
Según el coronel José Piedrahíta, jefe de control de Puertos y Aeropuertos, en siete de cada diez casos de personas detenidas con droga la necesidad económica es el móvil del delito.
Apenas el 30 por ciento de las capturas corresponde al perfil de ’mulas’ ligadas a alguna organización, y que usualmente ya han ’coronado’ en varios viajes. (El Tiempo)

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